TRES CARAS EN SOLITARIO Y EN EL DÍA Y OTRAS ESCALADAS EN EL PICU URRIELLU

Categoría

2018, Escalada en pared

Nombre de la actividad

TRES CARAS EN SOLITARIO Y EN EL DÍA Y OTRAS ESCALADAS EN EL PICU URRIELLU

Descripción de la actividad:

El verano de mis quince años ha estado cargado de emociones, viajes, actividades, descubrimientos y aventura…sobre todo mucha aventura: he pasado un mes entero entre las paredes del valle de Yosemite, varias semanas en distintas escuelas de deportiva (Rodellar, Cicera, Rumenes, La Pedriza…), encadenando hasta 8a, y unos pocos, pero muy intensos días, en las paredes del Urriellu. Pero, hablemos de esto último… Después de volver de Yosemite sentía que había perdido grado en escalada deportiva, por lo que dediqué un tiempo a ella para poder afrontar con garantías mi otro proyecto del verano: escalar las cuatro caras del Picu Urriellu en solitario y en el día. Subí hasta Vega Urriellu el día 6 de agosto, bajo un sol de justicia y con bastante calor. Al día siguiente estaba en pie a las 4 y media y en pared alrededor de las 5 y media. El objetivo era escalar las vías más representativas de cada cara en solitario y en el día, para lo que seleccioné: la “Rabadá Navarro” (6c+/6a.A1, 750m), la “Pidal-Cainejo”, la “Cepeda” y la “Sur Directa” (V, 180 m) y aunque el proyecto no salió como lo tenía planteado en principio, conseguí hacer 3 de las 4 caras. Al día siguiente escalé, también en solitario, la “Murciana 78” (7c+/V+ A2, 500m). Esta vía, que no había hecho anteriormente, me encantó. La parte más complicada fue el tercer largo, no solo por su dureza, sino también por la exigencia técnica y lo precario de todos los seguros, pero después de la experiencia del día anterior, me resultó muy disfrutona y la escalé en unas 8 horas. El jueves estaba lloviendo, así que nos quedamos en los alrededores del refugio de Vega Urriellu, y no fue en balde, pues conocí a un grupo de escaladores entre los que se encontraba Raúl Marcos, un experimentado escalador asturiano de Teverga. Le propuse que al día siguiente, si el tiempo lo permitía, podíamos escalar la “Directísima” (7b/6b+ A2, 550 m). Hizo bueno, la escalamos y fue otra buenísima experiencia en el Picu, primero, por escalar una de sus vías más míticas y hacerlo con un excepcional compañero de cordada; después, por poder comprobar de primera mano la calidad de la roca y, finalmente, por la belleza de sus largos. En definitiva, fueron cuatro días que ya nunca se borrarán de mi mente…no somos lo que tenemos, sino los recuerdos que atesoramos.

Al final de la Murciana 78

Autor: Fernando

Localización: Vía Murciana 78 al Picu Urriellu

Al pie de la Rabadá

Autor: Antonio González Medina

Localización: Pie de la Rabadá-Navarro al Picu Urriellu

Progresando en solitario por la Murciana 78

Autor: Antonio González Medina

Localización: Vía Murciana 78 al Picu Urriellu

Solo por la Murciana

Autor: Antonio González Medina

Localización: Vía Murciana 78 al Picu Urriellu

En la Directísima con Raúl Marcos

Autor: Antonio González Medina

Localización: Vía Directísima al Picu Urriellu

Vídeos

La primera remada a la Rabadá
https://www.dropbox.com/s/qnthy90uiftb0qq/La%20primera%20remada%20de%20la%20Rabad%C3%A1.MOV?dl=0

Escalando la Directísima
https://www.dropbox.com/s/qnthy90uiftb0qq/La%20primera%20remada%20de%20la%20Rabad%C3%A1.MOV?dl=0

Descripción técnica:

La “Rabadá” se me dio excepcionalmente bien y, aunque no era la primera vez que escalaba en solitario, sin duda esto era diferente…era la “Rabadá”. Los primeros largos fueron los que más tiempo me llevaron, sobre todo teniendo en cuenta que era de noche y la longitud y dificultad de estos, particularmente, la del segundo largo, con ese diedro algo desplomado y muy lavado que tiene. Desde que amaneció, la niebla se instaló bajo mis pies y dejé de ver el suelo. Hubo cambios constantes de temperatura: al principio, un calor agradable, después tuve que abrigarme, porque empezó a hacer frío, y pasada la travesía volvió a hacer calor, manteniéndose así hasta arriba. Iba muy pendiente de no perder la línea, porque aunque era la segunda vez que iba a escalar la “Rabadá” toda de primero y la recordaba perfectamente, yendo solo no cabía lugar a error. Pero, de repente, algo me sacó de mi concentración: empecé a oír música. Debe ser que me llegó cobertura y empezó a sonar “Insoportable”, del Canto del Loco, y después debí volver a perderla y se paró, pero ya no pude dejar de cantarla hasta la cima y ahora es, sin duda, una canción que me trae recuerdos muy especiales. Una pregunta que me han hecho muchas veces es cómo hice la travesía yendo solo. Pues bien, fijé la cuerda en la reunión, como si de un largo normal se tratase. Escalé el largo y llegué a la siguiente R, en la cual, volví a fijar la cuerda, quedando así una cuerda fija con fraccionamientos. La escalé de vuelta con dos cabos de anclaje chapados a esta cuerda. Cuando llegué a la reunión de la que había partido, liberé la cuerda y me la puse en el gri gri, con la R de llegada como si fuera el escalador de arriba y volví a escalar el largo. Llegué a la cumbre en unas 6 horas y según descendía por la cara sur, me iba dando cuenta de que la niebla estaba cada vez más alta y cubría algo más de la mitad del Picu. La “Pidal-Cainejo” no la había hecho nunca, pero sabía dónde estaba el pie de vía. Lo encontré entre la niebla y empecé a escalarla. Pese a que iba consultando el croquis de tanto en tanto, pronto me di cuenta de que había perdido la línea y que muy probablemente, nadie había pasado por donde yo lo estaba haciendo, ya que no encontraba ningún tipo de clavo, chapa ni otros vestigios humanos. En un momento dado la niebla desapareció, miré a lo alto y vi el agujero de salida al circo sur…rápidamente entendí que había atravesado la cara este, probablemente abriendo una nueva vía y que iba a salir por una placa a la derecha de la “Cepeda”. Me sentí bastante decepcionado, pero pensé que al fin y al cabo, había escalado la cara este, así que sólo me quedaba intentar de nuevo la “Pidal” y hacer la “Sur”. En toda esa travesía navegando por zonas desconocidas y, probablemente, no escaladas anteriormente, me dio mucho tiempo a pensar. En algunos momentos aquella soledad me pesaba más que nunca…si no hubiera sido porque llevaba el walky talky y podía hablar con mi padre y contarle lo que me estaba pasando, seguramente habría acabado llorando y gritando. También supe que tenía límites y que había sobrepasado alguno de ellos…y esto último no me gustó…sin embargo, supongo que hay lecciones que no tienen otra forma de ser aprendidas, sino en uno mismo y por su propia experiencia. Volví a descender y escalé la “Sur”, esperando que cuando bajara, la niebla hubiera desaparecido y pudiera intentar de nuevo la “Pidal”. Pero muy al contrario, había empezado a llover, con lo que decidí dar por finalizada la actividad y probar de nuevo suerte en otra ocasión. No obstante, había hecho 3 caras en solitario y en el día y, muy probablemente, había abierto una vía en travesía norte-este, que en aquel momento se me ocurrió que podría llamarse “Gorilas en la niebla” y todo con unas condiciones climáticas adversas…¿qué más podía pedir?.

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