Pandemia 1270m 7b/+ Jebel Misht

Categoría

2020, Escalada en pared

Nombre de la actividad

Pandemia 1270m 7b/+ Jebel Misht

Descripción de la actividad:

Cuando piensas en Omán, la primera imagen que viene es de dunas de arena, desiertos interminables y cultura árabe en estado puro. Omán, es el país más montañoso de la Península Arábiga, situado al sur-este. La cordillera Al Hayar cubre gran parte del norte del país, con elevaciones que superan los 3.000 metros, en las que se han excavado miles de barrancos que constituyen, a pesar de sus escasas precipitaciones, el vestigio de una cordillera que gozó de un clima mucho más lluvioso cientos de años atrás. Al Hayar, se muestra como un Pirineo árido y desolado, prácticamente virgen, dónde oasis y palmerales se encuentran al borde de ríos y barrancos. El clima es desértico y muy caluroso, esto hace que gran parte de sus tesoros aún permanezcan intactos al ser humano, esperando, a aquellos valientes que quieran enfrentarse a elevadas temperaturas, largas aproximaciones, aislamiento, falta de operativos de rescate y todo tipo de arácnidos, escorpiones y serpientes. De todas las paredes del país, destaca con diferencia la gran pared sur del Jebel Misht, que con unos 1.200 metros se alza imponente como un mundo mineral, lejos aún de agotar sus infinitas posibilidades de aperturas y aventura. El Jebel Misht, es la gran pared de caliza de la península, sin ningún tipo de duda El Capitán de Arabia. Omán: Paraíso o Infierno, según lo mires Cuando preparas un viaje a Omán, surgen muchas incógnitas. El contraste del país es increíble, puedes pasear por Muscat y percibir que estás en un país de un nivel económico similar a Suiza y al salir hacia las montañas, en una hora de viaje entrar en el más absoluto desierto montañoso. Cuesta hacerse a la idea de lo que se puede encontrar en Omán y lo que es necesario llevar de España para una expedición. En Muscat, la capital, se puede encontrar de todo: tiendas de campaña, hornillos, centros comerciales, etc... Pero no hay nada relacionado con el material de escalada a pesar de ser un país en auge respecto a los deportes de montaña. La cultura es árabe y la religión es una versión menos ortodoxa del Islam, que es más razonable, moderna y abierta en ciertos temas que en los países de alrededor. Los precios, son algo más caros en general que en España, salvo los productos del petróleo como la gasolina o gasoil y las comidas preparadas. Muchos omaníes no suelen cocinar, acuden a los infinitos puestos de comida de los bangladesíes e indios, que están incluso en los pueblos más pequeños y allí recogen sus comidas “take away”, a unos precios de en torno a 1 o 2 € por plato en algunos sitios. Llegamos a Omán en Febrero, las temperaturas ya rondaban los 30º y tras hacer una gran compra en Muscat, pusimos rumbo al corazón del Al Hayar para encontrarnos con el Capitán del desierto. Nuestro alojamiento, en tienda de campaña. Situada en una explanada inmensa a los pies del gigante, con unas pocas acacias, que son las únicas sombras que ofrece la naturaleza en ese paisaje desértico. Al llegar la vista es impresionante, las posibilidades y las líneas son infinitas, un universo de roca donde perderse se antoja muy fácil. Cualquier pequeña fisura vista desde el campo base, sería una enorme chimenea o un gran diedro, una vez en el terreno. Lo que es un paraíso de escalada y soledad en mitad del desierto, se transforma en un infierno a las horas centrales del día. La radiación en el campo base y en la pared, hace que sea un lugar idóneo para coger un cáncer de piel. Crema solar, revisar los sacos y zapatillas por los escorpiones, descansar a la sombra, beber agua y espantar a los camellos que se acercan, se convierte en la tónica diaria mientras estudiamos nuestro objetivo con unos prismáticos desde el campo base. La aproximación la pared es de algo más de 2 horas, por un terreno escarpado sin camino y entre gigantescos bloques. Estudiar la pared desde el campo base es una cosa, pero desafiar al gigante, es otra cosa muy diferente. Aun y estando acostumbrados a las grandes paredes, es imposible no impresionarse por el Jebel Misht. Su forma de montaña piramidal, con más de 1000 m de pared y varios kilómetros de largo intimida. El Misht, es comparable a montañas como el Cervino o el Capitán, pero en mitad del desierto. La información de las vías abiertas en el Misht es escasa. Hay una guía poco actualizada, con información antigua y algún topo en Internet, todos ellos escasos y poco precisos. La primera vía de la pared fue abierta por una expedición de más de 20 miembros franceses y tardaron algo más de 20 días. Aún está en mitad de su recorrido una caja de madera que usaron para llevar a la pared víveres durante su apertura, esta vía es el French Pilar 1200m 6b+ y está considerada la vía más fácil de la pared sureste. Se puede escalar en el día pero siempre será recomendable comenzar de noche para que dé tiempo a terminar. En la parte superior de la pared hay un vivac, donde se puede dormir para hacerla en 2 días. La vía es preciosa y no muy mantenida. No toda la roca... es lo que parece. Empezamos a abrir la vía, a las dos de la mañana estábamos camino a la pared, ni siquiera hacía frío por la noche, tan sólo algo al amanecer. Tras 2 largos fáciles y de buena roca, se llega a la faja de entrada del French Pilar a unos 100m del suelo. Ya en la vira, empiezan las dudas: esto es enorme... con este calor vamos a morir deshidratados... no se ve nada fácil, etc. El primer día pudimos abrir los 2 primeros largos sobre la vira, la temperatura subió en la pared hasta superar los 30º, En el primer largo, la roca es una caliza amarilla y de canto romo, hace que Jesús tenga que sacar lo mejor de él escalando por una fisura vertical de 6c+/7a muy técnica, con bloques de roca peligrosos a los lados. Sesenta metros después llegamos a una vira estrecha. Justo encima teníamos un desplome amarillo que continúa hacia un diedro de roca gris, así que con la misma decisión, Jesús sigue escalando hacia el desplome. -Eso no parece nada fácil- le digo, mientras avanza concentrado con la seguridad de que conseguiremos subir escalando en libre ese desplome. Ese es el auténtico juego de la escalada para nosotros: abrir siempre que sea posible, una vía que se pueda escalar en libre, sin usar el artificial. La escalada es un deporte de compañerismo, dónde lo bonito es disfrutar de esas sensaciones. En esta ocasión, la sensación de sentirte minúsculo, en medio de un universo de roca, bruto y salvaje. Ese día fijamos unos 120m de cuerda. No teníamos más que unos 300m y luego la posibilidad de usar las 2 cuerdas de 8mm de escalar para fijar algún largo más. Sabíamos que no las teníamos todas con nosotros, hacía mucho calor, no llevamos hamaca, y queríamos seguir una línea muy directa a la cumbre, por lo más vertical de la pared. Ttendríamos que dormir en algún hueco o alguna repisa en la pared, pero no sabíamos cuándo, dónde ni cuantas noches. Bajamos extenuados de nuevo al CB, cada bajada resultó ser diferente por ese laberinto de barrancos y bloques. Las jornadas se alargaban mucho, salíamos de la tienda a las tres de la madrugada y volvíamos muy entrada la noche; un día de subir, escalar y bajar: suponía 2 días descanso; el calor, la pendiente hasta llegar y la escalada, nos dejaban hechos polvo. El paisaje es montañoso y desértico; calor y aventura, todo en uno. Según subimos, la radiación solar aumenta y nos quema la espalda, la cara y los brazos. De vez en cuando corre una leve brisa, e intentamos saborearla mientras dura. Sin seguir un plan demasiado definido, más que escalar hacia arriba, después de abrir cada largo nos tocaba petatear todo el material, cosa que no era siempre fácil, ya que el petate se enganchaba constantemente y teníamos que salir de la línea del largo para ir a desengancharlo mientras nos la jugábamos con los péndulos y algunos bloques que podían caer solo con tocarlos. Había que escalar muy concentrado, ya no toda la roca es lo que parece. Al principio, parecía que toda la roca es atómica, ya que en general, la calidad es excepcional, pero los colores de la roca del desierto nos despistan y encontramos también muchas zonas de roca mala. Seguimos escalando por unos diedros, cargados con las pesadas mochilas hasta llegar a la cima de lo que llamamos “el pirulo”, una estrecha aguja donde montamos reunión. El ambiente es aterrador, nos sentimos muy pequeños, sólo podemos fijar las cuerdas de 8 mm de escalar y no hemos llegado ni a media pared. Es una escalada recia, de mucha tensión y la moral se viene un poco abajo. Con el último largo del día, nos situamos justo debajo del gran techo y fijamos todas las cuerdas que tenemos, y empezamos a rapelar. Todavía nos faltan muchos metros de pared. 2 días en la pared. El día del ataque final, vivaqueamos en el pie de la pared, para al día siguiente, madrugamos y jumaremos hasta el techo. Abrimos 2 largos más, pasando el gran techo por un punto flaco a la derecha. En este punto subimos muy apurados, ya que el largo era difícil, hacía mucha travesía, y el petate se atascó completamente fuera de la línea. Un diedro muy técnico, casi sin canto y con bloques peligrosos. Después seguimos por una placa de séptimo grado ya a más de 500 metros del suelo. La roca es muy pinchuda y jugarte esos péndulos estresa más de la cuenta. El siguiente largo también es tenso, todo lo que nos parecía fácil de lejos, acaba siendo difícil, un diedro amarillo y desplomado que nos ataca más la moral que los brazos. Crisis. Escalamos un tramo de roca muy rota, descartando cientos de cantos para evitar tirarnos bloques entre nosotros. Empiezan las sugerencias de abandonar antes de que sea tarde, ya que no avanzamos al ritmo deseado. Repetimos el mantra de “todo va bien” en cada reunión, que se convierte en un ritual que nos ayuda a pensar que lo conseguiremos y que todo está correctamente... aceptable. Escalamos dos largos más, estirando la cuerda y lo más rápido que podemos, con la intención de llegar a la vira superior, donde queremos vivaquear, pero aún está muy lejos. Hacia las siete, ya con el anochecer, llegamos a la repisa, donde pensábamos que podríamos dormir. Edu llega con el petate lleno a la espalada, nos reímos por verle escalando torpe con todo ese peso. La repisa no es tan buena como parecía. Buscamos de un lado a otro, pero ningún sitio parece ni medio cómodo para pasar la noche. Por suerte, después de destrepar 30 metros, encontramos el cómodo vivac para el French pilar, dónde incluso podemos hacer una buena hoguera. Esa noche dormimos extenuados, apenas veíamos lo que nos quedaba por encima, pero, el paisaje era increíble y en ese rincón del mundo, nos sentíamos libres, salvajes, ajenos a la civilización. Sólo existía el Misht. “Humor Amarillo” Al día siguiente, en nuestro mundo vertical comienza a escasear el agua y las fuerzas. Al salir el sol, vemos que queda mucha más pared de lo que pensamos para llegar a la cumbre, es enorme, deben de ser casi cuatrocientos metros más, un laberinto de posibilidades, ¿Cuál será la buena? Nos la jugamos, nos prometemos que si no avanzamos rápido nos bajamos y luchamos por salir de allí como sea. Mandamos en punta a Jesús. Conseguimos abrir unos 100m en 1 hora, la cosa promete. Escalamos largo tras largo a toda velocidad. Nada resulta fácil, y el pesado petate se sigue en cada largo. No podemos seguir así, tardamos más en desengancharlo y hacerlo subir que en escalar el largo. Edu decide escalar con el petate a la espalda, parece un concursante de “Humor amarillo”. -¡No puedo ni subir los pies!- dice, mientras escala como puede. Lo fácil se hace durísimo, el calor sigue apretando y escalamos tan rápido como podemos sin saber si el siguiente largo será factible o nos llevará a un callejón sin salida. Estamos en un punto de no retorno, sólo podíamos salir por arriba. Y Alá declaró la Pandemia Alá dio su visto bueno, y de pronto estábamos escalando una sucesión de largos más sencillos, espectaculares, con roca muy buena y sólida. Avanzamos motivados otra vez y más rápidamente. De fondo se oyen las mezquitas llamar a sus fieles a lo lejos mientras vamos ganando metro a metro, con mucho sudor y alguna que otra lágrima. Al final del día por fin llegamos a cumbre. A nuestros pies se ve el desierto, frente a nosotros la cordillera de Al Hayar, aún que todavía nos queda un largo descenso. Lo imposible se hizo posible. Una nueva línea en el Jebel Misht, dura, guapa y con más de mil metros. Una línea valiente, y una experiencia inolvidable, con grandes amigos. En mitad del desierto éramos muy felices. Ajenos a que mientras escalábamos, el mundo era apresado por una terrible Pandemia y la gente se resguardaba en sus casas. Algo que grabaremos en la memoria, mientras un virus amenazaba la humanidad, los escaladores hasta el último momento, gozamos de la libertad que nos confiere nuestra pasión. WADI NAKHAR A una hora al sur desde el Jebel Misht, se encuentra el cañón del Wadi Nakhar. Se trata de un paradisíaco lugar que entre las palmeras de su lecho, esconde innumerables paredes de unos 100m de largo con una calidad excelente. Hay algunas vías en el Wadi Nakhar, no obstante este cañón de unos 5km tiene posibilidades para la escalada deportiva y de largos. Con las dos orientaciones dentro del cañón, hacen que se pueda escalar en un margen u otro. El Wadi Nakhar es un lugar cómodo y de fácil acceso, está prácticamente virgen y cuenta con con mucha roca y paredes de todo tipo. La calidad en general es buena, con muchas placas, fisuras y algunos techos. Abrimos dos vías: Todo va bien 6c y Sangre de Nakhar 7a+. 105 metros cada una.

Jebel Misht

Autor: Jesus Ibarz

Localización: Oman, Jebel Misht

Liberando el Largo 7b/+ de Pandemia

Autor: Edu Recio

Localización: jebel Misht

Edu Escalando con el petate

Autor: Julieta Montoya

Localización: Largos superiores via Pandemia

Julieta abriendo en Pandemia

Autor: Jesus Ibarz

Localización: Jebel Misht Oman

CROQUIS PANDEMIA

Autor: Edu Recio

Localización: Jebel Misht Oman

Descripción técnica:

Pandemia (jayihat) se trata de una vía de auténtica aventura, en un lugar remoto como son las montañas de Omán. Un lugar donde no se puede contar con ningún equipo de rescate en caso de que algo salga mal. La vía va siguiendo con lógica un trazado directo a cumbre. A pesar de ello, el calor de hasta 40º, la radiación, el compromiso y la dificultad de esta vía, hacen de Pandemia una actividad larga, comprometida, poco equipada y que requerirá de al menos uno o dos días durmiendo en pared para completar su ascensión.

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